lunes, 18 de julio de 2011

La Decena Trágica

La "decena trágica" fue la traición más grande que ha sufrido la democracia méxicana, en la cual fue asesinado el presidente de México (Francisco I. Madero), junto con el vicepresidente (José Mária Pino Suares); el acontecimiento fue la lucha armada del grupo sublevado del Ejercito Porfirista, que duró 10 días del 9 al 19 de febrero de 1913.




Los protagonistas del cuartelazo fueron: Rodolfo Reyes, consejero político de su padre Bernardo Reyes; el general Manuel Mondragón, representante de Félix Díaz; el general Gregorio Ruiz, y Cecilio Ocón.

El grupo se reunió en Tacubaya para planear el golpe de estado. El objetivo era liberar a los dos generales prisioneros, Reyes y Díaz, para utilizarlos como líderes del movimiento que tendría en el Ejército a su principal apoyo.

El 9 de febrero se sublevaron los alumnos de la Escuela de Aspirantes de Tlalpan y la tropa de un cuartel de Tacubaya. De aquí partieron dos columnas, una hacia Santiago Tlatelolco y otra hacia Lecumberri, donde libertaron a los militares traidores a la República.

Reyes se dirigió al Zócalo, donde esperaba que la guarnición de palacio lo secundara. El general Lauro Villar, jefe de plaza, a la vista del enemigo ordenó el fuego, y prontamente sucumbió el jalisciense ex gobernador de Nuevo León.

Por su parte, Félix Díaz se retiró a la plaza de la Ciudadela, donde estableció su cuartel. Entre tanto, Madero se hizo acompañar por una escolta de cadetes del Colegio Militar, de Chapultepec, al centro de la ciudad. Como Lauro Villar resultara herido, Victoriano Huerta fue nombrado jefe militar de la plaza.
Dado que había pocas fuerzas leales en la capital, el presidente ordenó la concentración de mayor número de tropas y se marchó al encuentro de Felipe Angeles en Cuernavaca.

Por otra parte, Félix Díaz conferenció con un representante de Huerta. A partir de este momento, Gustavo A. Madero confirmó sus sospechas de que Victoriano Huerta participaba en la conspiración.
Madero regresó de Cuernavaca con optimismo porque contaba con Felipe Angeles y con Rubio Navarrete, habiéndose trasladado este último de Querétaro a la capital. El general Beltrán también se encontraba en México y entre todos cercaron al enemigo en la Ciudadela.

Por fin, el día 18 se celebró un pacto abierto entre Huerta y Félix Díaz, conocido como Pacto de la Ciudadela o Pacto de la Embajada, debido a que fue firmado en el local de la representación diplomática norteamericana, en presencia de Henry Lane Wilson.

Antes de que esto aconteciera, Gustavo A. Madero fue hecho prisionero en el Restaurante Gambrinus, donde se le ofrecía una comida de despedida con motivo de su viaje a Japón. Conducido a la Ciudadela, fue entregado a la tropa que, en medio del más cruel salvajismo, lo sometió a las peores torturas y finalmente lo asesinó.

Al día siguiente, Madero y Pino Suárez se vieron precisados a presentar sus renuncias, las cuales fueron aceptadas, sólo con la oposición de unos cuantos diputados, por el Congreso, reunido en sesión extraordinaria. Huerta se había comprometido a entregar a Madero y a Pino Suárez, que permanecían en palacio.

El Congreso nombró presidente a Pedro Lascurain, nada ajeno a la situación, quien duró cuarenta y cinco minutos en el cargo, para renunciar después de haber nombrado secretario de Gobernación a Huerta, que asumió el poder el 19 de febrero de 1913. Madero duró prisionero en palacio hasta el día 22, fecha en que se ordenó su traslado a la Penitenciaria del Distrito Federal, pero fue asesinado, junto con Pino Suárez, antes de ingresar en ella.


Historia de México. 1974, Vol. 9. Alvaro Matute, "Madero: del triunfo a la "decena trágica". México, Salvat Editores,

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